22.06.2012 – 04.11.2012
Las obras más recientes condensan la brutalidad y la figuración directa de los inicios, inscritas entre movimientos de apaciguamiento. Sin rechazar la tensión entre lo trazado y la materia, una tensión inseparable en la práctica, Antoni Tàpies construye una obra que altera la mirada pero que también está obsesionada con la materialidad («la pastosidad», como él dice) del trabajo de pintor. La materia es espesa, es carne, se puede rascar, agujerear y abrir; se viste y se desnuda.
Antoni Tàpies. Cabeza brazos piernas cuerpo propone una experiencia sensorial del objeto y de la exposición. El hecho de que el espectador pueda dar la vuelta alrededor de algunas de las obras, sentir su peso, su grosor y materialidad, poder estar a su lado y detrás, le invita a usar su propia presencia física en el momento de ver. Los visitantes pasan de los enfrentamientos brutales y monumentales con las obras sobre madera, alzadas frente a ellos, a una relación más delicada con las obras sobre papel.
La materialidad de la pintura es también la del dibujo. Mediante la escritura, los frottages, las huellas y el ritmo del gesto, Tàpies transforma la naturaleza misma del papel. El dibujo, para él, hace más próxima una cohabitación cotidiana hecha de meditación. Un ritmo íntimo marcado por el vocabulario recurrente del artista: cruces, signos matemáticos, cráneos, sexos, fragmentos de cuerpos…
Las obras seleccionadas son el testimonio de un ritual establecido por la condición de un artista que envejece, limitado por el cuerpo y los sentidos pero impulsado por un incesante deseo de trabajar. Antoni Tàpies y su obra se debaten con su propia historia, estableciendo un relato de su relación con el mundo y con su cuerpo en el que reencuentra los tormentos de las cuestiones fundamentales.
Fechas
22.06.2012 – 04.11.2012
Comisarios
Laurence Rassel y Miquel Tàpies.