19.01.2016 – 22.05.2016
La imagen pública de Antoni Tàpies adquirió una categoría icónica que lo conectaba con la pintura del expresionismo abstracto y la voluntad de hacer de la subjetividad un material de primer orden. Si bien las materias cobraron un protagonismo insólito, la capacidad de acoger significados múltiples y el alejamiento de los contenidos más literarios y narrativos que predominaron en la época anterior lo convirtieron en un prototipo del artista moderno.
Hacia 1954-1955 se produjo en la obra de Antoni Tàpies un cambio significativo, fruto de experiencias anteriores y de influencias y afinidades, que supuso el inicio de la madurez de su arte. El interés por la expresividad de determinados materiales, que Tàpies ya había manifestado en la década de 1940, dio lugar a unas obras que tenían una apariencia de muro, y que se caracterizaban por la densidad de las texturas y por el uso de una gama de colores limitada en la que destacaban el gris, el marrón y el ocre. Con estas obras Tàpies logró el reconocimiento nacional e internacional, sobre todo a partir de finales de la década de 1950 y principios de la 1960.
En la proyección de obra cabe destacar el papel que jugaron, por una parte, la galerista neoyorquina Martha Jackson, con la que Tàpies comenzó a exponer a finales de 1953, y, por otro, el tándem formado por el crítico de arte Michel Tapié, exponente teórico del informalismo, y Rodolphe Stadler, que abrió su galería en París el otoño de 1955. La exposición Colección, 1955-1965 se centra en este periodo, y muestra obras y documentos de la Colección y del Archivo de la Fundació, junto a algunos préstamos significativos de colecciones privadas. La muestra se completa con la proyección del documental Tàpies (1969), de Clovis Prévost, producido por Maeght, París.
Fechas
19.01.2016 – 22.05.2016